LA VIDA Y EL MUNDO
Tobías Mao

19 SEPT. - NOV. 2026


Vista de sala











La vida y el mundo

De toda la gente que conozco, mi amigo Tobi Mao es quizás el que más fácilmente pueda pensarse como un personaje de Chejov: representando un arquetipo social, definido en función de su oficio. En La Gaviota, Arkhadina es la actriz vanidosa, Mevdevenko, el maestro humilde, Trigorín, el autor consagrado. Ahora, en esta inauguración, ese que está ahí, fumando en la ventana, es mi amigo Tobi Mao, el pintor. ¿Que adjetive, decís? Ta bien. Ese que está ahí, fumando en la ventana, es mi amigo Tobi Mao, el pintor romántico.

Una vez por semana me cruzo con Tobi por la calle y parece joda, pero siempre está cargando alguno de los elementos del pintor. Lienzos, atriles, pinceles, maderas para embastar. ¡Esa didascalia se escribe sola! Es la parte por el todo: no hace falta que lo veamos pintar, Tobi camina por Viamonte y Suipacha con un atril porque es el pintor. 

Mi abuela Liliana, que compartió una cena de Año Nuevo con Tobi, me pregunta, a día de hoy “¿Cómo anda tu amigo, el pintor?”. Pintando en cantidad, todas las semanas, en todos los formatos. Pero más allá de la constancia, creo que Tobi, abu, aborda el arte desde la inteligencia. Primero conceptualiza y después ejecuta. Estudia la perspectiva, hace cuadros sinópticos, bocetos digitales y a mano alzada, compra fruta pero para pintarla. 

Pasa un poco lo que tiene que pasar: es difícil separarlo de su obra. Y a esta (su obra) de sus preocupaciones, creencias y teorías predilectas... O más acá, más cerca, de lo que piensa antes de quedarse dormido. Y yo sospecho, mirando esta muestra, que en los momentos de vigilia de mi amigo el pintor, la pintura sea quizás el tema más frecuente. 

Escuchá esto, abu: un lunes cualquiera me lo cruzo en una esquina mirando dos yuyos que brotan de una pared. “¡Amigo, ¿qué mirás?!” “Noooo, pasa que estoy pensando en hacer una pintura (...)”. Nunca de civil, siempre de pintor. Pero lo que más me intriga de su proceso es la capacidad de trascender el pensamiento. Es un proceso intelectualizado que muere en el momento en que aparece la imagen: la obra deja de ser un estudio sobre la perspectiva y pasa a ser un alto en Capilla del Señor, del Monte o la que sea. ¿El análisis como el camino para llegar a una imagen pacífica? ¿Meditativa? ¿A un paisaje bucólico? ¿La pintura como el medio que acalla las voces? Un mandala.

Hace poco ví Heroína, una película de Raúl de la Torre en la que Graciela Borges actúa de traductora de un congreso de Psicología. ¿Cuál es el colmo, entonces, de este personaje que trabaja como traductora en un congreso de Psicología? ¡Que está de internación!.
En el tercer acto, ya estabilizada, la traductora -que se llama Penélope y como la de Homero, es una mujer que espera- asiste a una terapia grupal. Uno de sus compañeros, embelesado, la aborda “¡Qué parecida a Graciela Borges que sos!, ¿Nunca te lo dijeron?”, “Creo que sí... Pero pienso que no, porque ella es mucho más fea”. 

En el tercer acto, la película evidencia que es una película, y todo sigue como si nada. Pero en esta muestra, lo metalingüístico no está pensado como algo que se muerde la cola y se encierra en sí mismo; lo meta no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Estas obras que a veces son pinturas y a veces usan la pintura, trascienden todo lo que su creador pensó, reflexionó, y neurotizó sobre la pintura para proponer un espacio de descanso. Un espacio post-neurosis, o post-neurótico. 

Ante una propuesta de montaje poco imaginativa, uno suele escuchar la explicación “bueno... es que es una muestra de pintura”, como diciendo “miremos la pintura”. Pero la que acá nos reúne no es “una muestra de pintura”, y no lo es en dos niveles. No sólo no le falta imaginación (¡hay un árbol en el medio de la sala!), sino que es más bien una muestra sobre la pintura. 

Presentes en la sala, los tres géneros: el paisaje, el retrato y la naturaleza muerta. También los insumos del pintor, pintados y convertidos en objetos, ¿cuadros escultóricos? ¿esculturas pintadas? Como sea, algo más.
El pincel, la silla, el atril, conviven con la manzana, el burro, la piedra, las sierras de Córdoba y Colombia, su novia Valen, su hermano Alfonso. Como si al pintarlos se apropiara de ellos y los desjerarquizara. El diseño de montaje subraya esta operación; no es el paisaje, el retrato del hermano, la pintura de las naranjas, todo en su conjunto, arma un alfabeto propio, un diccionario autobiográfico de símbolos y obsesiones. 

Una noche, tomando Brahma sentados sobre almohadones, tuvimos una conversación larguísima que empezó cuando un amigo artista dijo que no se consideraba artista. La charla terminó con alguien diciendo “¿no es una artista una abuela que va a buscar a su nieto todos los días al colegio?” Perdón ¡pero claro que no! Y tampoco un ladri que pinta porque tiene tiempo libre. 

Hasta donde sé esta muestra se llama La vida y el mundo. Tobi es el pintor romántico porque la pintura es el medio a partir del cual entiende el mundo, y asume la vida. Y ahora que me doy cuenta, este texto es casi todo sobre Tobi, y no me parece mal, porque yo lo veo en todas las pinturas. Las de esta muestra, y las en general. 

Pedro Greco


UBICACIÓN

Viamonte 632 3er piso,
Microcentro, Caba.

HORARIOS

Miércoles a Viernes
de 15 a 19 h

CONTACTO

General
info@viamontegaleria.com
DIRECCIÓN

Paula Nahmod