EXTRAÑA DE MÍ
Maga González, Natacha Tellez y Bianca Trezza

26 MAR. - JUL. 2026


Vista de sala













Extraña de mí


Desde la amistad, la complicidad y la colaboración, las artistas Maga González, Natacha Tellez y Bianca Trezza traen al espacio sus obras como acto de entrega y construcción conjunta. Cada una aporta su materia: hierro, cerámica, pintura, biomateriales y vidrio, y la ponen en relación para componer un cuerpo que no se ilustra ni se explica, sino que se deja entrever en la forma y en el modo en que las piezas interactúan. 

Natacha inaugura el armado. Instala una columna vertebral que atraviesa el piso y se proyecta hacia el techo, marcando la altura de la cavidad y fijando un eje. Esa vertical no está sola, se hermana con las columnas del edificio, y en ese diálogo la estructura se presenta de manera obstinada. Hacia el fondo se alza la columna; hacia adelante se disponen dos estructuras de hierro que insinúan una coraza abierta, una estructura que ajusta y contiene, ceñida con alambres y afirmada en soldaduras visibles. Hay compresión y firmeza, pero también una decisión formal que expone la armazón en lugar de ocultarla. Curvas, contracurvas y círculos concéntricos organizan el vacío sin volverlo dócil. Lo óseo de sus piezas distribuye el peso, concentra la densidad e impone contundencia. El resto todavía no existe, pero ya tiene sostén. 

Sobre lo óseo, Bianca incorpora lo blando. En su pintura aparece el interior como forma imaginada. Sus imágenes no describen el cuerpo sino que lo inventan, al mismo tiempo que se aproximan a zonas inciertas y a cualidades sin nombre, a superficies que podrían ser pliegue o sombra sin fijarse en ninguna de ellas. Explora temperaturas, espesores y porosidades sin buscar correspondencia con nada reconocible visualmente, sino con sensaciones. Lo que no conoce lo fabula, y lo que no puede ver lo ilustra. Hay una imposibilidad persistente que no se resuelve, y en esa falta se abre la imaginación, propia y ajena. Su universo no explica sino que habilita la extrañeza como estado físico. Trabaja con el anverso y el reverso, con lo que se muestra y lo que queda detrás, con aquello que apenas asoma y obliga a acercarse. 

Maga llega en la instancia final. Recubre el cuerpo y erige una capa que lo protege y separa del exterior. Ahí donde lo óseo se afirmaba rígido y macizo, su materia se vuelve amable, blanda, flexible, elástica, casi respirable, como si perdiera densidad y comenzara a ceder, a volverse más ligera en su propia presencia. 

Trabaja con jirones de piel realizados en biomateriales degradables. Se presentan como fragmentos epidérmicos que se prolongan a modo de extensiones de la carne. Lenguas y uñas emergen de los muros como emergen del propio cuerpo. Lo figurativo adquiere una condición táctil, espumosa, rosa, apenas babosa. Los colores vibran, saturados, y los patrones evocan superficies cutáneas como manchas, lunares y cicatrices. 

Como culminación del ritual, el corazón se alza, entronizado. El centro gravitacional del cuerpo, aparece como una joya arrancada del pecho. De vidrio rojo y verde, parece frágil pero es compacto; amarrado con hierro, permanece sujeto por una mano filosa que lo aferra como si pudiera herirlo. Finalmente, este ente completo yace en la tranquilidad de saberse expuesto y sostiene una calma vulnerable y estable. 

Lucía Ramundo


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